sábado, 18 de enero de 2014

El canto del ruiseñor

La vida es un juego de niños, un dulce canto como el del ruiseñor. Nada lo detiene de su plena alegría, ni siquiera el desvelo ni siquiera una desdicha.

De nuevo despierta y retoma el esperado vuelo.
Con la cálida mañana el ave resucita, con el brillo de la tarde aún más fuerte su voz incluso palpita. 

Canta, canta sin cesar. 
Descansa en los brazos del roble y su  majestuosidad. El espacio vacío se llena de paz, lleva notas que sólo hablan de encanto, que sólo hablan de amar. 

Sabe que el día no vuelve ni regresa. Sabe que todo pasa, que todo cesa, todo menos el canto.
Ése se queda, se queda sonando.

Escucha que en el mar resuenan las mil y un olas, pero nada es más fuerte que una voz que se mueve al compás de la luz de la aurora.
Entonces deja que resuenen todo lo que quieran, pues no se limita, no hay nada que lo intimida. 

¿Una virtud? 
Es tan sólo disfrutar del placer de la vida. 
Dónde no habita el temor, donde todavía existe una vía para ser de nuevo todo como en un principio solía. 

Una sola armonía. 
Todo girando a la vez. 

Con inocencia, como en un juego de niños. 
Son como el canto de un ruiseñor.





Fotografía por: Alex Espinosa