viernes, 17 de enero de 2014

Inmóvil


La tarde y sus desplantes se acercaban con cautela, muy bien que se estaban armando con sutil y ruda valentía.
Venían con fuerte carga de tormenta de bombos y trompetas, de rayos y centellas; sólo queriendo esperar para empapar el dulce momento con un poco de ruido de ciudad.

¡Qué molestia! 

La pequeña esquina sin nombre que yacía con exquisita soledad, ahora se encuentra con impaciente espera por volverse a silenciar. 

Desde lejos, todo se pone de acuerdo para de pronto tornarse en unísono en algo muy parecido a una charla sinsabor.
Lo que pretendía ser un día de calma se convierte ahora en un ventarrón de agonía, lleno de muchas dudas, de muchas deudas y de muchos frenos de motor.  

¡Vaya! 
Apenas me entero en lo inmóvil que de pronto me convierto al escuchar tantos efectos al mismo momento. 

Apenas lo veo, pero eso es bueno. 

Entiendo que ni la prisa ni sus efectos son el mejor paisaje para describir. Nadie lo disfruta, pero sigue siendo así. 
Sé que no parará nunca de desesperar pero no pretendamos arreglarlo todo con tan sólo huir. 

Al re-ordenar las ideas todo vuelve al mismo sitio, ahí donde la calma no expira. Todo cesa, todo menos el ruido de afuera.
¡Qué movimiento! 
Pero del caos se crean muchas cosas, ésta vez, no es la excepción.

Bien, que todo permanezca estático. Todo, menos respirar. 



Fotografía por: Alex Espinosa