sábado, 4 de enero de 2014

Un...dos…tres.

Sin mí, tampoco estoy contigo.

Volver a reconocerse puede ser la mejor batalla ganada, y aunque ha sido fuerte la lucha ya llegamos, ésta vez con el corazón al descubierto y la música encubriendo-nos. 
Ya me encontré de nuevo.

La «caffettiera moka» ya hace su sonido triunfante y nos habla de que será un momento más relajado que otros, que podemos hacer lo que sea y aún así, sentirnos bien. 
Que porque es sábado, una taza de café no es ninguna por la mañana(ni por la tarde), que sentir como con cada sorbo el frío se desvanece y entiendes que eso, así de simple o complicado, también pasa. 

Que quedarse más de dos minutos contemplando a través de la ventana podría ser un peligro para quien te mira desde afuera, aunque si sólo son los pájaros revoloteando, está bien, ya sabes que te han hecho partícipe de su divertido juego.
Nadie nos enseña cómo pasarla mejor en un día nublado, pero eso sí, aprendemos bien que así el tiempo se detiene un poco más. Aunque sea sólo unos minutos.

Todo pasa mientras ésa música suena; la de la moka, la de los pájaros, la del tráfico a lo lejos (o lo bastante cerca como para hacerse anunciar) y la que viene desde dentro; ésa, muchas veces es la que nos gustaría escuchar más porque se transforma y la podemos cambiar al compás de hasta incluso un vals. 
Un...dos...tres...un...dos...tres. 

Es así, cuando estás contigo, y con todo. 
Ya te encontré de nuevo.





Fotografía por: Alex Espinosa