jueves, 10 de abril de 2014

¡A fluir!

La calma nos enriquece la vida. Todo es posible a través del claro y lento respirar. Las ideas aparecen sutilmente, la memoria se intensifica, las emociones se saborean al doble. Nuestro organismo funciona mucho mejor así. Más obvio, imposible. 
La quietud nos mueve, la calma nos anima; no es irónico. Es real.
Al beber agua todo en nuestro interior se neutraliza, se moviliza, se intensifica. Somos más capaces y menos irritables.
Purificar el cuerpo no es tan complicado, lo complicado es responsabilizarse para hacerlo sin fallar ningún día. Es real.

Calma, calma, que la quietud nos invada con su movimiento, que nos ayude a reintentar el momento. Qué importa cuánto tiempo nos lleve. Lo esencial no sólo es aquello invisible sino también insípida, inodora e incolora. 
La claridad del agua nos purifica desde el alma hasta los ojos. 
Y eso, al final trae esperanza. ¡A fluir! 



Fotografía: Alex Espinosa